China lleva implicada en África desde los años sesenta, apoyando a regímenes criminales y grupos revolucionarios en concordancia con una temática “antiimperialista” (anti occidental). Las relaciones de Beijing con Sudán escalaron en los años 90 con la explotación de enormes reservas petroleras. Ha invertido alrededor de 10 billones de dólares en Sudán. La China National Petroleum Corp., propiedad del estado, posee el 40%, el porcentaje más grande, en la Greater Nile Petroleum Operating Co. (GNPOC). La China Petroleum Engineering and Construction (CPEC), de propiedad estatal, ha construido un oleoducto desde los campos de la GNPOC hasta el Mar Rojo, y un complejo refinero a las afueras de Jartoum.
La CNPC posee la mayor parte del campo en Darfur y el 41% de un campo en Melut Basin. Otra firma china, Sinopec, está construyendo un oleoducto hasta Port Sudan en el Mar Rojo, donde la CPEC está construyendo una terminal de carga. Cerca del 70% de las exportaciones petroleras de Sudán van a China, y suponen el 10% de las importaciones petroleras de China. A cambio del petróleo, Beijing proporciona armamento y apoyo diplomático. China has suministrado a Sudán tanques, artillería, helicópteros y aviación de combate. China ha inundado Darfur de minas antipersona. Se estima que hasta el 80% de los beneficios petroleros de Sudán van a la compra de armamento, al tiempo que la población general continúa siendo una de las más pobres del mundo.
Beijing también ha ayudado a Sudán a construir sus propias fábricas para la manufactura de municiones y armas ligeras, el verdadero armamento de destrucción masiva de la campaña de limpieza étnica de Jartoum. Helicópteros armados de fabricación china son operados por las petroleras chinas desde aeródromos.
También se ha informado de que las fuerzas de seguridad chinas han ido más allá de sostener simplemente una postura defensiva entorno a los campos del petróleo. Podrían estar apoyando activamente las operaciones de las tropas gubernamentales organizadas y de las milicias criminales a la vez, encaminadas a eliminar las tribus africanas negras no musulmanas que habitan en las zonas del sur del país ricas en petróleo.
Un informe del Civilian Protection Monitoring Team financiado por Estados Unidos investiga tales ataques, afirmando que las tropas gubernamentales “han buscado abrir el camino a la prospección petrolera y crear una zona de seguridad alrededor de los campos de petróleo”.
Las instalaciones petroleras son operadas y gestionadas por “empleados invitados” chinos que garantizan el control de Beijing. David Blair, reportero del London Telegraph ha informado haber visto “vallas publicitarias en Jartoum mostrando imágenes de empleados petroleros chinos sonriendo y el eslogan: ‘CNPC — Tu amigo íntimo y socio de confianza’”.
El pasado julio, Liang Guanglie, el general en jefe del Ejército de la Liberación del Pueblo Chino garantizaba a su homólogo sudanés Abbás Arabi Abdalá que sus vínculos cercanos se prolongarían, citando su “fructífera cooperación en los terrenos político, económico y cultural”. El General Liang también agradeció a Sudán su apoyo a la política “una- China” contra Taiwán (a la que Beijing considera una provincia renegada del mismo modo en que Jartoum piensa en Darfur), y el apoyo de Jartoum a Beijing en materia de derechos humanos.
Extracto de William R. Hawkings.G.E.E.S.
Grupo de Estudios Estratégicos
Escrito por neorural
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