¿Sabía usted que la carne de jaiba de su aperitivo y su ingenuo coctel de almejas están muy relacionados con el «Diseño Inteligente»? La trampa para esta pesca es un artefacto ingenioso, el acceso para la jaiba es fácil, pero está diseñada de forma que una vez dentro cada ejemplar se alimenta vorazmente y luego le resulta imposible salir por el pequeño orificio de entrada y así queda prisionero junto a otros especímenes.
Los pescadores depositan la carnada en las jaulas, las dejan en el mar y después las sacan repletas de jaibas. Todo esto en las limpias y tranquilas aguas de un mar confortable, casi infinito; aunque paradójicamente, las jaibas estén circunscritas por los límites de la trampa que, por cierto, perciben con sus ojos compuestos y sus diversos apéndices locomotores de decápodo, mejor diseñado aún que su jaula, pero incapaz de evadirla.
Esas jaulas, cuyo uso comercial en las aguas de Sonora, en el Golfo de California, se considera reciente, parecen ahora un recurso lógico, aunque seguramente no fue sencillo diseñarlas.[1] Gracias a ellas hoy se puede industrializar la exquisita carne de este crustáceo.
Artefacto de «complejidad irreductible»
La trampa que usan actualmente los pescadores de Sonora es tosca, de tela de alambre fuerte, oxidable, pero plenamente eficaz. Tiene cuatro accesos externos, dos plantas comunicadas entre sí y lugar para la carnada. Mediante una boya flotante localizan cada trampa, en la que pueden quedar atrapadas hasta cuarenta jaibas. Sin ella, los pescadores deberían ganarse la vida mediante cualquier otra actividad productiva, algo que les financiara el juego de la improbable pesca de jaibas, como algunos hombres de negocios que liberan su estrés en la pesca o caza deportivas.
Se trata de un artefacto de «complejidad irreductible», si nos atenemos a la teoría del Intelligent Design, ID (Diseño Inteligente), que vienen desarrollando los científicos Michael Behe, bioquímico y profesor de la Universidad de Lehigh, Pennsylvania, y el matemático y físico William A. Dembski, del MIT y las Universidades de Chicago y Princeton; precedidos por Phillip E. Jonson, abogado en Berkeley, California, fuerte impulsor del ID.
El artefacto, igual que la trampa para cazar ratones a la que se refiere Behe, nos ayudará a entender, primero, el concepto de complejidad irreductible, y después a descubrir esa compleja estructura natural realizada en el mundo viviente, concretamente en las almejas.
Veremos que a su vez, esa complejidad existente en la naturaleza se resiste a ser explicada por la lógica darwinista: una gradualidad biológica, hecha de pasos ciegos y azarosos, sin proyecto alguno de llegar a una estructura de complejidad superior.
Los mecanismos biológicos que la ID llama de complejidad irreductible reclaman otra explicación que los neodarwinistas -y antes su maestro- no han alcanzando a vislumbrar en su examen del mundo biológico, campo muy limitado en los tiempos del científico británico (segunda mitad del siglo XIX), pero diversísimo al acercarnos y trasponer el umbral del siglo XXI. Si se lo reprocharon a Darwin sus primeros críticos, no se lo podemos perdonar ahora al neodarwinismo.
Evolución y evolucionismo no son lo mismo
Nunca he dudado de la grandeza humana ni de la honestidad científica de Darwin, cualidades que admiro en él. Muy suya es esta ejemplar afirmación: «Si se pudiera demostrar la existencia de cualquier órgano complejo que no se pudo haber formado durante numerosas y leves modificaciones sucesivas, mi teoría se desmoronaría por completo».[2] Además de honesto, valiente.
Antes de ofrecer una investigación personal que responde ahora a aquel lejano reto de Darwin -sin olvidar que su obra El origen de las especies vio la luz en 1858-, debo repetir que no habrá que reportar al darwnismo como falso, sino sólo como insuficiente.
Así lo calificaron aquel biólogo experimental y después filósofo de la naturaleza, Hans Driesch, y toda su generación.[3] Y así estudié yo el darwinismo, a través de Driesch, los hermanos Hertwig, J. von Uexküll…
Esta teoría científica no explica lo que pretende; es decir, el acceso a niveles superiores de organización biológica. Sólo da razón de los «arabescos» de la evolución, como afirma el paleontólogo Schindewolf.[4] En efecto, el darwinismo sólo explica la diversificación en especies biológicas afines y las variaciones dentro de la misma especie, como la ramificación racial en los perros. Pero no da razón del proceso evolutivo ascendente a los niveles superiores de complejidad que se da en los seres vivos. Explica la microevolución, no la macroevolución, conceptos aportados por el genetista de Berkeley Richard Goldschmidt.[5]
A la valiente confesión citada de Darwin, hay que añadir la concesión y el reto de su seguidor Richard Dawkins:[6] «Es muy posible que la evolución no sea siempre gradual. Pero debe ser gradual cuando se usa para explicar el surgimiento de objetos complejos que al parecer tienen un diseño. Como los ojos. Pero si no es gradual en estos casos, deja de tener capacidad explicativa. Sin gradualismo en estos casos regresamos al milagro, que es simplemente un sinónimo de ausencia total de explicación».
Quizá ahora se entiendan mejor algunos principios fundamentales. La evolución es un proceso biológico, es el surgimiento y desarrollo progresivo de las especies, algo que está a la vista, por eso no debemos llamarla evolucionismo, expresión que conlleva algunas gotas de ideología, un ismo, que sugiere que no es ciencia pura.
Evolucionismo son, por ejemplo, algunas explicaciones de la evolución cuando añaden una ideología, como el darwinismo cuando se tiñe de un concepto materialista de la naturaleza que sólo admite la materia y niega el espíritu.
«Al lado de la materia, la energía y la estructura ?leemos en J. von Uexküll?, entra como cuarto factor natural el formador de estructura. Sólo la estructura y todo lo que obedece es mortal. El formador de estructura es independiente de la estructura, y por eso, irreductible y eterno».[7]
La bioquímica y «la caja negra de darwin»
El bioquímico Michael Behe ha expuesto ordenadamente sus ideas en un sugerente libro, La caja negra de Darwin[8]. Por un sistema «irreductiblemente complejo» entiende Behe aquel sistema compuesto por varias piezas armónicas e interactuantes que contribuyen a la función básica, en el cual la eliminación de cualquiera de estas piezas impide al sistema funcionar.
«La bioquímica moderna nos ha permitido, según Behe, llegar hasta los ladrillos con los que están formados todos los seres vivos. Lo anterior equivale a descubrir qué hay en el interior de la “caja negra”, poder desvelar los “mecanismos” mediante los cuales dichas “piezas” se relacionan entre sí sosteniendo las distintas funciones que nos presenta nuestra experiencia ordinaria».
Como se aprende en la segunda clase de bioquímica esos ladrillos son los aminoácidos, con los que se forman las proteínas, y éstas son maravillosas máquinas moleculares de admirable complejidad, con funciones bien definidas y cuyo funcionamiento conocemos con detalle.
Los ejemplos que ofrece Behe «permiten concluir que, asombrosamente, ostentan una complejidad irreductible», es decir, inexplicable para el darwinista, aunque pretenda explicarla en su concepción reductiva de una naturaleza en competencia que carece de propósitos[9]. Behe ha estudiado con suficiente detalle diversos ejemplos de sistemas bioquímicos (el cilio o flagelo bacteriano[10], la coagulación de la sangre, la estructura de los distintos subsistemas de una célula eucariota[11], el sistema de transporte de proteínas, etcétera).
El análisis detallado de estos ejemplos, y el hecho de que se conozca su estructura hasta el nivel molecular, lleva a Behe a afirmar en ellos un evidente diseño. Por diseño entiende «la intervención de un actor inteligente que ha dado forma a dichos sistemas. No se presupone ni quién es el actor ni cuándo ejerció su actividad creativa», explica Santiago Collado.
Notas
[1] Es el crustáceo Callinectes sapidus. Las jaibas son activas, voraces, se alimentan de otros crustáceos, peces, moluscos y algas. Viven de 3 a ocho 8 años, el caparazón, las ocho patas y las dos tenazas son su defensa. Habitan en costas tropicales y templadas, en aguas de bahías, lagunas costeras, esteros y desembocaduras de los ríos.
[2] Cfr Michael Behe, La caja negra de Darwin, p. 60. Cfr. Santiago Collado, «Debate en torno al Diseño Inteligente», Aceprensa 79/05. Madrid, 5 julio 2005.
[3] «Lo que sabemos es solamente que las teorías especiales ligadas a los nombres de Darwin y Lamarck no aciertan en lo fundamental, esto es, en la causa primera de la diferenciación y son, por ende, insuficientes (no digo precisamente “falsas”). Pues la “selección natural en la lucha por la existencia” es sólo un factor de eliminación que actúa negativamente. ¿De dónde procede aquello que determina el proceso selectivo? Lo ignoramos» (Hans Driesch, El hombre y el mundo. Centro de Estudios Filosóficos. UNAM. México, 1960, pp. 56-57).
[4] Cfr. O. H. Schindewolf, Grundfragen der Paläontologie. Scheweizerbarthsche Verlag. Stuttgart, 1950.
[5] Cfr. Richard Goldschmidt, «La evolución vista por un genético». Arbor: Revista general de investigación y cultura. Madrid, junio 1951, pp. 229-249.
[6] Richard Dawkins, El relojero ciego. Editorial Labor, Barcelona 1988.
[7] Continúa el texto citado: «También nosotros, hombres, debemos nuestro advenir y subsistir a ese formador de estructura que no es ninguna estructura, ni materia, ni energía; que no obedece a la ley causal, sino que prescribe leyes que llamamos conforme a fin. Con el conocimiento de este factor natural, la investigación experimental de la Naturaleza le trae de nuevo a la humanidad un bien que es para ella una necesidad vital, y que le había sido arrebatada por el materialismo: el problema de la inmortalidad» (J. von Uexküll, Ideas para una concepción biológica del mundo. Espasa-Calpe Argentina. Buenos Aires, 1945, p. 249).
[8] M. J. Behe. La Caja negra de Darwin. El reto de la bioquímica a la evolución. Andrés Bello, Barcelona 1999.
[9] J. C. Frentes, del Centro de Investigación del Cerebro de la Universidad de Rochester, ofrece un ejemplo de cómo el darwinismo logra explicar algo. Cuando él estudiaba en Cambridge los hábitos del ratón británico campestre averiguó que la especie que vivía en el bosque se quedaba quieta cuando un objeto se movía sobre su cabeza, mientras que la especie que vivía en el campo abierto huía. Mostró estos datos a unos amigos zoólogos, pero invirtió las observaciones. Sus amigos fueron capaces de darle unas interpretaciones bien elaboradas, explicando los datos -falsos- a partir de ideas convencionales basadas en la selección natural (Cfr. Matematicians question Darwinism. Scientific Research, noviembre 1967).
[10] Estudiados bajo el microscopio electrónico los cilios están formados por una membrana externa continuación de la membrana plasmática, dentro de la cual hay una matriz en la que están dispuestas longitudinalmente once fibrillas; un par de fibrillas simples, rodeadas por nueve fibrillas dobles junto a la periferia. Los flagelos que se encuentran en muchas bacterias tienen estructura mucho más sencilla.
[11] Células cuyo núcleo se separa del citoplasma por una membrana, y el material genético, ADN, concentrado en los cromosomas. En consecuencia, la división celular es por mitosis. Las células eucarióticas son la unidad estructural de todos los organismos, excepto las bacterias y las algas verdiazules o cianofíceas.
Escrito por neorural
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